miércoles, 27 de junio de 2012

Biblioteca


Él salió por la puerta de su casa. Estaba algo preocupado, por su trabajo en el centro, aunque quizá decir preocupado era demasiado, tan solo le daba vueltas por su cabeza de tanto en tanto. Lo preocupante es que, era lo único que le rondaba en su mente.
Era delgado, de tez blanca, pelo negro y unos apagados ojos de color miel. Como si no pudiera sorprenderse de nada.
Sus pasos, no como siempre, lo llevaron esta vez a las afueras de la ciudad. Sin saber cómo ni porqué, encontró una vieja biblioteca abandonada casi derrumbada por el paso del tiempo.
Sintió algo de extrañeza. ¿Qué hacía en los extremos de su ciudad? en estos momentos, él tenía una importante reunión, pero a pesar de eso, se encontraba frente al pórtico casi sin forma del edificio antiguo.
— Supongo que para que esto no sea un viaje perdido — se dijo a sí mismo, porque en honor a la verdad detestaba perder tiempo. —debería intentar entrar.
Lo primero que lo impactó fue el fuerte olor a humedad del lugar. Chocó con algunas telarañas, las cuales eran de tamaño considerable. El techo roto, por el cual se colaba tímidamente el sol, dejando ver sus rayos de color amarillo viejo. Es que absolutamente todo parecía envejecido en el interior del viejo edificio.
Un sonido, multiplicado por la amplitud del lugar, lo sobresaltó de inmediato. El ruido de pasos inundó el lugar. Esto provenía del segundo piso del lugar. Para poder llegar a él, debía atravesar una insegura y algo oxidada escalera.
Él se cruzó de brazos, algo intrigado. Era una completa tontería ir a mirar, eso lo tenía claro, mas se preguntó quién podría estar en un lugar como aquel.
Con bastante inseguridad de su parte, comenzó a subir por la destartalada escalera, haciendo bastante ruido a su paso. Quien sea que estuviese no se inmutó, pues los sonidos de las pisadas seguían el mismo ritmo que hasta hace poco.
El lugar a diferencia del piso anterior, era mucho más oscuro, por el corredor había montones de hojas en el suelo con distintos escritos en ellas. Bastante mal iluminado por una sola vela, la cual estaba en manos de una chica.
Tenía el cabello castaño muy largo, le llegaba hasta casi la cintura. Resaltaba por el color blanco de su vestido, el cual no era ostentoso pero si bonito. Le marcaba bastante la sinuosa silueta de ella.
—¿Y...? — se le atravesó la pregunta en la garganta.
Ella se dio vuelta, lo miró sin ningún interés. Luego sacó un libro de un destartalado estante, poniéndose a leerlo, sin ganas de iniciar una conversación.
Algo extrañado, y para qué decirlo, con más curiosidad que antes, se resolvió a preguntar.
Entonces... ¿te gusta leer?
De acuerdo, esa no era la pregunta más brillante que se le podía ocurrir. La extraña lo tenía en un estado bastante torpe a decir menos, debido a la sorpresa.
Es algo obvio— le respondió con una voz bastante monocorde.— “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”—al notar que él no parecía saber el porqué de esa frase, ella suspiró y respondió — Es de José Luis Borges, —finalizó mostrando la tapa del libro que leía.
La extraña siguió empecinada en su libro, cuando de la nada soltó la siguiente pregunta.
¿Y tú? ¿Qué haces aquí?
Pues yo sentía curiosidad y...
No me refiero a algo tan trivial como eso... ¿Qué buscas?
Buscar… la palabra le quedó danzando en su cabeza. ¿Él buscaba algo en realidad? Quizá nunca se había replanteado su aburrida vida, hasta que una completa extraña se lo había recordado.
Ella en cambio dejó el libro sobre una destartalada mesa, y cerca posó la vela en un lugar donde no pudiese volcarla. Se aproximó a él con paso sigiloso, posando sus ojos de color verde en los miel de él.
Algo intimidado por su acercamiento repentino, el joven tan solo atinó a quedarse quieto. Mientras ella le descorría los mechones de su cabello, inundándose de su rostro. Luego suspiró y se cruzó de brazos.
Yo te diré que busco. Intento encontrar un recuerdo desdibujado,  un perfil perdido entre tantas multitudes.  Está tan perdido entre la bruma de mis recuerdos, que entonces decidí crearlo yo ¿Sabes? No sé donde inicia el recuerdo y comienza él verdaderamente. Y de la nada comencé a cuestionarme si realmente existía.
Él se quedó en silencio ante tamaño discurso. La vio a los ojos, esos de color verde que estaban tan tristes, tan anhelantes y cansados de esperar a quien fuese. Y por un instante él quiso ser él, quiso ser esa persona que ella esperaba, cumplirle promesas inexistentes, y darle besos sin registros ni culpas, aunque claro nunca podría remplazar aquello que jamás existió.
Por eso me agrada que te hayas pasado— ella sonrió de lado— cuando tú apareciste el no recuerdo también se alejó. Por la ventana de este lugar. Dejaré de esperar a quien nunca llegará, ni rezar por aquel que jamás existió. Creo que es hora de ocuparme de mí.
Él se preguntó como su mera presencia pudo desencadenar todo aquel cumulo de decisiones, en el corazón de la chica. Comprendió que ella hablaba otro lenguaje, el  cifrado de los sueños. Habitaba en otro mundo, donde sinceramente las fronteras de letras, magia e irrealidad no existían.
¿Nunca has pensado que tú también puedes no existir?
Ahí ella sonrió. Él se quedó de una pieza, asombrado por el cambio. Fue una sonrisa sincera, porque también atrapó a sus ojos tristes.
Podría ser— dio vueltas alrededor — pero gracias por liberarme del vicio de no querer olvidarlo lo que no sucedió.
La chica entonces tan solo tomo su libro, dejándolo solo en medio de la habitación.
No se sentía como quien hubiese salvado a alguien ni mucho menos. En los cuentos cuando el hechizo se rompe, los príncipes y todos son felices. Aquí eso no pasaría, ella no volvería a sus pasos, ni le pediría que fuese a aquel que tanto esperó en vano. Tampoco volvería a verla, ni jamás podría encontrar una sonrisa que le llenara tanto el alma como la que le regaló ella.
De pronto el desconocido se sintió más solo que nunca. Tomó un libro cualquiera de la biblioteca, y se acomodó en la esquina más oscura de la habitación.
Esperaría a que alguien viniese, aunque eso fuese imposible. A que ella regresara aunque sabía que era un ejercicio inútil.
A que llegara alguien que lo liberara del hechizo de extrañar lo que jamás fue.

miércoles, 20 de junio de 2012

Laberinto

A veces me gustaría saber de donde surgen tanta palabra imparable por tus labios. Te retuerces en tu cama, mas aunque te duela todo el cuerpo, una cosa es constante en tu delirio. Que no puedes detenerte, parar de crear aunque tus manos no respondan, como si no poder pescar un lápiz y plasmar tus ideas te doliera más que cualquier otra cosa.
Yo te observo sentada desde la silla, aguantando las ganas de no llorar ante tamaña tristeza.
Esa que te anuncia que se te acaba el tiempo, y jamás podrás sacar todo el caudal de historias que tienes aún enredadas en tu alma escritora. 

martes, 19 de junio de 2012

Bruma

Yo
hubiese
dado 
cualquier 
cosa
por
Recordarte.

Fantasía

Tú que tantos mundos creaste con tus dos manos sanas, te vas alejando lentamente de la realidad, y te consumes por el olvido. No creo que sea el mejor momento para comenzar a despedirme, pero tal vez nunca exista ese momento ¿verdad? Eres sencillamente un ser sin memoria, sin sufrimiento, ni culpas. Me has llamado por tantos nombres... ¿Quienes serán? Supongo que da exactamente lo mismo, fueran seres creados por ti o reales, ahora la línea entre fantasía y realidad francamente no importa. Estás tan arrugado, tan débil e indefenso, que no puedo hacer otra cosa que sonreír, y decirte que soy quien quieras que sea. 

Nota preliminar: He estado leyendo mucho a Benedetti. Me basé en un famoso extracto suyo. Disfruten (:


Sé que vas a irte sin preguntas
Sé que vas a dejarme sin respuesta

jueves, 14 de junio de 2012

Imparable

Me miras sin interés evidente, porque así eres y así me gustas. 
Tomas mi cintura mientras nos envolvemos en el ritmo único que tenemos, en la melodía que solo nosotros escuchamos

  r 
    r
       o
         j
          a
            s

Te amo en mi piel expuesta. Regalas sendos "te deseo" tatuados en mi boca. Y yo solo sé repetir cuanto te quiero, mientras te devoro con todos los sentidos (y otros que no sabía que tenía) 
En desorden caen los besos hambrientos, junto a la vorágine de nuestros cuerpos, mientras nos quedamos sin aliento, deseando que el momento nunca se acabe, o que mínimo siempre se repita, en un círculo donde acabamos juntos... siempre unidos.

lunes, 11 de junio de 2012

Tonteras (Con Invitado xD)

Nota: Hoy tengo un invitado, se llama Alejandro y le gusta el pan con palta. Cualquier tontería... bueno allá ustedes xD


Conquistaré el mundo
Había una vez un murciélago vampiro mutante llamado Sir Simón, era su primera vez de cacería por el pueblo cercano. Se escondía tras los cerros, en un molino gigante que escupía fuego de tanto en tanto. Alrededor de tanto azufre, era lógico que el pobre mutara. El pobrecillo no podía volar, porque carecía de alas (musica triste xD[aparte de ciego manco])

Arrastrándose por el barro, logró entrar a duras penas al bosque encantado, donde se podía oler la magia, en este lugar habitaban los misteriosos ñues mágicos de un solo cuerno. Eran algo atolondrados, y estaban enormemente aburridos. Y como aparte, eran bastante idiotas, no se percataron de la presencia de Sir Simón y nada interesante ni digno de contar pasó.
      
Él mutante ser debía encontrar un extraño animal llamado “Ser Humano”, el cual poseía la extraña cualidad de poder volverlo a la normalidad, tan solo derramando su sangre sobre sus deformaciones. Pero tenía que ser solamente ese tipo de humano, no cualquiera, Si erraba sus mutaciones podían llegar al extremo de morir.

Sir Simón era de buen corazón, no quería dañar a nadie, le gustaban los crucigramas y las novelas rosas, su escritora favorita era Jane Austen. Amaba con locura “Orgullo y prejucio”. Mas nadie podría amar a un ser deforme como él. Enamorado del amor como se encontraba, se armó de valor para buscar su cura.

Casi llegando al final del bosque Larry se encontró con un Sir Simon lleno de ¡acné!

— ¿Eh? ¿Hola?

— ¡Hola! ¿Te gustaría adquirir un seguro de vida?


—¿Y eso qué es? — preguntó Sir Simón con bastante curiosidad.

— Pues no tengo idea solo le robe el maletín a un tipo que dijo que los vendía.

—¡Robar es algo muy feo! — exclamó el vampiro indignado— ¡Te ordeno que los regreses!

— La verdad soy muy pobre, mis padres murieron luego de un trágico accidente en donde cubrí de gasolina la casa... luego encendí fuego, fue algo terrible.

Sir Simón de todas maneras no le creyó mucho al sujeto en cuestión. Pero logró convencerlo de entregarse ante la justicia (Aparte de poder llegar al pueblo con mayor facilidad, como recordatorio, Sir Simón es manco, y a Larry no le quedó otra que ayudarle... en fin, sigamos)

En la comisaría en una celda resguardada por un ratón yacía la princesa Ernestina, era un poco coja, con marcas de viruela en la frente, pelirroja un poco desteñido y le faltaban dos dientes. Estaba absolutamente inconsciente, así que no será relevante en esta historia.

Larry al final aprendiendo de lo bueno que era su ¿amigo? (Lector... ¿Realmente te parece raro? Vaya a un especialista si esto recién le parece extraño, por favor) decidió no entregarse a la policía sino que a un hada madrina llamada Marlina que era quien realmente reinaba el pueblo (Ernestina no cuenta, siempre está tirada cantando el himno nacional).
 
El hada, la cual estaba arrojada en el cuarto más espacioso del palacio (si apareció de la nada...[el palacio]) encima de una enorme pila de dinero, joyas y patas de cerdo.

—Señorita Marlina, este es Larry, se lo doy a cambio de que me diga donde puedo encontrar a “Ser Humano”— (Lector no seas vago... enterate arriba sino lo recuerdas)

—¡Traidor! — gritó el puercoespín, totalmente enfadado mostrando sus púas.

El Hada, la cual no tenía mucha paciencia para resolver dramas, agitó su varita y los transformó en camellos.

¿Sabes?

A mí también me hubiese gustado quedarme entre tus brazos, bebiéndome tus te amo envuelta en nuestro delirio único e irrepetible.
Repitiendo como una letanía, cuanto te amo así sin reservas ni límites.  

domingo, 10 de junio de 2012

Antes

Mucho tiempo antes, aquellos en donde ni siquiera nos habíamos encontrado, tú ya habías encontrado mil excusas para que me quedara a tu lado.