jueves, 2 de abril de 2009

Tiempo

















—Sabías donde estaba.
—Casi siempre lo sé.
Te sentaste a mi lado como siempre. Pasaste los brazos por mis hombros para darme calor.
—¿Por qué te fuiste del hospital?— susurraste en mi oído.
—No valía la pena quedarme en esa habitación.
Pase los dedos despreocupadamente por la arena blanca y mullida. El mar estaba en relativa calma. Poco a poco el sol se hundía en el, mostrando sus hermoso rayos, naranja, ocre… tantos otros.
Volviste a estrecharme con más fuerza que antes.
—No digas eso… tienes que recobrarte… tienes…
—Eso es imposible.
Tu cara tomo el color de la tiza, pude incluso sentir como tu corazón daba una carrera loca hasta tu garganta. Intentaste balbucear una que otra excusa mas te detuve.
—Descuida… no pasa nada— intente calmarte con una sonrisa falsa.
Volvimos a hundirnos en el silencio.
—Te arrepientes de algo— exclamaste con semblante serio.
—¿Acaso hay algo de que arrepentirme?
—Tal vez… si hubiese podido.
Hubiese, que forma verbal tan inútil para circunstancias como estas.
—Hiciste todo lo que pudiste— me arrime a su pecho, buscando la protección, amor y cobijo que siempre encontraba. Tú me abrazaste aun mas fuerte, casi como intentarle doblarle la mano al destino.
Ninguno de nosotros quería mostrar sus debilidades en ese momento. Si hubiese una cosa que pudiese llevarme contigo seria esa sonrisa mágica que siempre supiste dedicarme. Me llevaría tu nombre escrito en mi alma. Pero lo más importante me llevaría tu dolor para que nunca sufras por mi causa.
Acaricie tu rostro, tu mandíbula temblaba, pero mantenías tus labios apretados para no asustarme.
—Creo que si hay algo— dije acariciando tu rostro.
Abriste los ojos con un poco de sorpresa. Tu cara era el reflejo de tu duda que no te atrevías a decirme. Sonreí, te amaba tanto, no necesitaba palabras para entenderte.
—Tiempo— susurré con la vista en la orilla del mar— quiero más tiempo.
Ese era mi deseo, tener el tiempo suficiente para denostarle cuanta le amaba. Dentro en mi mente, la vida que pudimos vivir juntos se mostraba como una fotografía cruel. Y casi como si pudiese verla con toda claridad él dijo con voz queda.
—Sería… tan hermoso.
—Cierto que sí— tenía la voz desfigurada por el llanto.
Las lágrimas empezaron a bajar con rapidez por mis ojos. Con la vista borrosa pude observar
como te acerbas a mi, apoyando tu frente a la mía.
—¡Esto no es justo!— Empecé a tiritar— ¡Quiero estar contigo! ¡Quiero quedarme a ti!
Tú me seguiste abrazando, acercaste tus manos a mis parpados, barriendo suavemente las gotas saldas que escurrían por mis ojos sin poder controlarlos.
—¡También yo! ¡Quiero tenerte siempre a mi lado!
Entonces me besaste suavemente en los labios. Sentí todo tu amor derramándose en una sola caricia que me rompía el alma a pedazos.
—Nunca te olvidaré— dijiste sobre mi boca.
—No digas eso si no puedes cumplirlo.
—¡Por supuesto que lo haré!
—Bobo, no me importa si me olvidas— la molestia cruzó por tu rostro, quisiste interrumpirme
pero nuevamente te interrumpí— tan solo prométeme que serás fuerte, y estarás feliz aunque no sea conmigo.
No quisiste responderme…
—Te amo— esa fue tu respuesta.
—Y yo…
Entonces un dolor agudo cruzo por mi pecho, sentí como perdía la vista con rapidez y todo se ponía negro.
Desesperada, comprendí que el tiempo se me estaba acabando. La hora de mi muerte, tal como los doctores me ocultaron llego sin previo aviso. Empecé a quedarme sin aire y a hundirme más dentro del velo negro de la parca.
“Por favor— le grité a la oscuridad— dame tiempo, necesito decirle…”
Y deje de respirar.

Pronto la continuacion "Lluvia" ^^
Ojala les guste

Amiga mía
















Me dio un momentazo Stphen King (no pregunten u.u).

Esta idea nacio de esta frase

Si lo único cierto,y lo único claro, es tu firme salvaje, y bendito amor.

Y aqui va el cuento



Inundo mi boca en medio del enorme trozo de chocolate. Pocas veces puedo pensar en algo mientras devoro con una lenta ansia el preciado dulce, pero ahora es cuando tu rostro me invade en medio de mi mente.
Estoy tremendamente frustrada. ¿Por qué demonios debo pensar en ti como si realmente tú pudieses quererme de la misma forma?
Otro trozo de chocolate baila entre mis labios. Perezosamente lo limpio con el dorso de la mano, con ganas de hundirme en ese exótico sabor que logra olvidarme de mis problemas.
Pero es inevitable pensar en ti... es entonces cuando dejo vagar mis pensamientos de manera libre.
¿Por qué demonios esto tenía que ser tan difícil?
He acudido a mi único refugio, el inmenso placer que me produce comer chocolate. Que dance en mi boca. Pero tus palabras me acompañan casi como un calvario personal. Todo se vuelve amargo y dejo el dulce guardado, sin ánimos de seguir engañándome a mí misma.
Amiga.
Esa palabra cruza de manera rápida por mis vagos pensamientos, revelando los recuerdos que anhelo evitar. Mi mano se empuña de manera casi involuntaria.
¿De qué manera termine metida en todo esto? ¿Cuándo comprenderé que nuestro cariño tiene un límite fijado desde el principio?
Nuestra amistad... ese es el límite. Pero a pesar de todo, que bien se siente tu presencia cercana a la mía.
Un ligero sonrojo cubre mi rostro. Y es en ese momento donde recuerdo la calidez de tu abrazo, la sincera sonrisa que se extiende por tu rostro cuando me vez. El hecho de que siempre estas allí para apoyarme en todo momento.
¿Cómo no enamorarme de tu sonrisa? ¿Cómo olvidar los momentos en que siempre estuviste a mi lado? Lo perdida que estaba antes de encontrarte, la soledad carcomiéndome el alma, corazón y mente. Y allí estabas tú, dispuesto a ayudarme, dispuesto a escucharme.
Otro suspiro sale por mis labios de manera casi involuntaria.
Te quiero, no sabes cuánto… pero si la única manera de tenerte cerca es con este juego absurdo de esconder lo que siento, entonces lo haré. Si eso te hace feliz estaré bien.
No tienes idea de cuánto daría por verte feliz.
El sonido del teléfono me hace dar un respingo. Bajo de mi nube un poco molesta, tomándolo con mis manos.
—¿Aló?
—¡Hola!
Casi tengo ganas de reír, la vida va y me golpea de frente con mis propios sentimientos.
—Hola Alexander... ¿Qué me cuentas?
Mis latidos crecen de manera incontrolable, mi cara esta completamente ruborizada. Con tan solo escuchar tu voz me hace volver a mi propio paraíso personal.
—¡Te lo puedes creer! Alicia volvió a ser mi novia.
Frió, temor y desconcierto. El temblor en mi labio inferior es el único indicio del enorme calvario que esas palabras causan en mí ser.
—De... veras— atino a susurrar.
—Si estoy tan feliz y pensé en contártelo.
Otra daga que se clava en mi pecho. Pero lo peor de todo, es que sé no me moriré por esto. Ocupaste una palabra clave… eres feliz. Y muy a mi pesar, por la razón de que te amo con toda mi alma, eso me importa muchísimo más que mi propio dolor.
Tomo aliento para formular mi propia tumba, evoco todo el valor que me queda para decirte eso.
—Me alegra por ti.
Rezo a todos los dioses habidos y por haber, para que el dejo de mi tristeza no pase al otro extremo de la línea.
—Sabía que me apoyarías— dice con más aplomo que antes - bueno Alejandra tengo que irme. Adiós.
No me atrevo a despedirme, tú no tienes ni idea de cuanta razón tendría decirte adiós en estas circunstancias.
Me llega lejano el sonido intermitente del telefono, este resbala por mis largos dedos.
Miles de recuerdos inundan mi alma.
Y entonces puedo llorar.
Fin

Nota: Tengo una firme obsesion con los finales tristes xD. Ojala les haya gustado, tanto como me gusto a mi escribirlo =)